Dadores compulsivos

by | Aug 19, 2019

¿Quiénes son los dadores compulsivos?

Personas que entregan ilimitadamente amor, porque necesitan darlo desesperadamente.

Si analizamos este comportamiento, no es una aptitud que aparezca de la noche a la mañana, sino que se ha ido labrando a través del tiempo.

A estas personas, en la que me incluyo, se nos fue introduciendo poco a poquito y muy despacio durante años, creencias que se vuelven verdades absolutas con el tiempo y se expresan como obligaciones al cabo de los años. Los dadores se dan sin restricciones a los seres más queridos, padres, esposos, hijos y también sucede con el trabajo ya sea dedicando tiempo, atención, amor incondicional y en el caso de que el dador, no cumpla con sus propias expectativas, aparece la culpa por no hacer. 

Todo esto, tengo que decir que es de forma inconsciente, se actúa así, pero no se sabe el porqué y hay personas que ni se lo llegan a plantear en sus vidas, ya que son etiquetadas como “personas buenas”.

Debo de aclarar que no estoy negando la importancia de dar.

Aunque si, analizando la forma en la que se hace.

Dicho esto, vamos a remontarnos a la infancia, ya que tiene mucho que ver con la educación que hemos recibido de niñ@s, tanto en casa, como en el colegio o simplemente por contacto con amig@s que también traen insertadas las creencias de su entorno y, sin olvidar por supuesto la religión ya que está tan presente en nuestras vidas que nos pasa desapercibida creyendo que no nos influye y estamos tan impregnados y tan arraigado en nuestra cultura y en nosotros como si de nuestro ADN se tratase. Enseñanzas que pasan de generación en generación grabadas a fuego lento pero eficaz y se han seguido manteniendo como si fuesen verdades absoluta sin cuestionar que pueda ser de otra forma.

Los dadores compulsivos necesitan desesperadamente dar sin limites, algunos mantienen una fidelidad de por vida con las personas que aman, principalmente con la familia y el trabajo sin guardar algo para ellos. Se anteponen las necesidades de los demás a las de ellos mismos.

La fidelidad puede llevar a morir por ella, estaría mejor que nos tuviéramos lealtad a nosotros mismo y hacia los demás. 

Hasta que no nos hacemos consciente de esto, no podemos asimilarlo, superarlo y soltarlo sin juicios y sin culpas.

Nadie nos dijo cuando éramos pequeños, que como niñ@s no éramos ni buenos ni malos, sino simplemente teníamos que ser nosotros mismos. Sin más.

Nadie nos dijo y necesitábamos saber, que no era cuestión de que nos portásemos bien o mal, sino de que cada persona actúa en cada momento y circunstancias lo mejor que puede y sabe. 

Y con esto no quiero decir que no haya normas de convivencia que haya que cumplir.

Pero, nos hubiese ahorrado mucho sufrimiento de saber que no éramos culpables de nada.

Nadie nos dijo, que teníamos derecho a sentir todas las emociones y a poder manifestarlas la tristeza o alegría, el estar enfadado o contento, nervioso o tranquilo, a no estar inmóvil en un sitio, a poder llorar o reír a saltar, en definitiva a ser feliz. 

Se nos enfajó y edu-castró, como les hicieron a las generaciones anteriores.No hay culpables en todo esto, sino solo faltó

información. Ellos no podían dar, lo que ellos mismos no tenían, daban la educación y la información que tenían y creían que era lo mejor.

Nadie nos dijo, que como niños podíamos aprender a vivir a través de experimentar con todas las emociones y que son todas válidas ni buenas ni malas. 

Nadie nos enseñó, a que podíamos experimentar las emociones, aprender de ellas, dejarlas marchar y no retenerlas.

Nadie nos enseñó, que lo más importante de nuestras vidas, somos nosotros mismos y a no ser la persona perfecta para los demás. 

Nos enseñaron a dar, a estar al servicio de padres, maridos, hijos y nietos… A morir con las botas puestas.

A veces damos y no recogemos en la misma proporción y no es importante. Pero después de haber dado sin limites y no recibir nada, si que es importante, ya que nos aparecen las dudas y los resentimientos hacia otras personas.

En el caso de las parejas, un dador compulsivo de amor, posiblemente se encontrará a un receptor insaciable, es decir una persona narcisista.Ya que uno alimentará al otro. Esto provocará que se viva en una relación tóxica y no en una relación equilibrada de amor sano. 

En las relaciones con los hijos sucede algo parecido aunque con matices, ya que damos compulsivamente, y en este caso hacemos a  nuestros hijos narcisistas y demandantes de atención, amor… Sin que puedan saciarse.

Estamos acostumbradas a dar aunque no nos pidan, somos dadores compulsivos. No esperamos a que nuestros hij@s nos pidan…  Cuando ya lo tienen en sus manos.

Después nos quejamos que nuestros hijos no valoran lo que tienen, pero la mayoría tienen de todo casi sin esfuerzo. Los estamos entrenando en el narcisismo, los hacemos excepcionales, beneficiarios pero pésimos en dar. 

Todo esto tiene mucho que ver como juego de dependencias y 

co-dependencias.

No es malo para nada, dar, pero dar con moderación y cuando se nos pida y creamos que es necesario.

He pensado mucho en esto, los últimos días. Algo que tenemos que soltar. Los hijos no están bajo nuestro control o protección durante toda sus vidas. Ellos tienen que aprender a vivir.

Vivimos en una sociedad en la que sobre protegemos a nuestros hijos sin darles espacio para que se equivoquen, pretendemos que salga todo perfecto y a la primera sin que puedan experimentar sus propios errores y sus propias vidas.

Hay que dejarlos estar. Es quizás éste, el mayor acto de amor que podemos hacer por ellos y por nosotros mismos. Y es la forma en la que ellos pueden fortalecerse y experimentar sus vidas. 

Y nosotros enfocarnos en vivir las nuestras.

Sería liberador y sanador, el que soltemos esa imagen de niños buenos, que nos persigue y en la que nos encasillaron de pequeños, ser una niñ@s buen@s significa ceder parte de tu poder y del control de tu vida a los demás, por agradar a otros.

No quiero dejar atrás el tema de la relación con el trabajo ya que sucede más de lo mismo se produce una combinación explosiva y peligrosa ya que un adicto al trabajo posiblemente encuentre un explotador. Con las graves consecuencias que conlleva y sin por supuesto ser conscientes de ello. 

Hemos pagando un precio muy elevado ya que ha sido a costa de nuestro propio dolor y de nuestra propia salud, llegando a enfermar y muchas de estas personas quedaron en el camino desgraciadamente. Otras en el mejor de los casos vivieron situaciones injustas tan solo por obedecer a personas mayores por las que dejaron a un lado sus propios deseos sin poder expresar la frustración y enfado. Limitando la propia creatividad con la que veníamos en origen, aniquilando experimentar el gran juego de la vida. Desconectándonos de nuestra propia esencia, camufladas con frases que es por tu propio bien, por tu mejor educación… 

todo para el control de tu ser. 

Esto, nos ha llevado a través de los años a convertirnos en madres y padres buenos, controladores y dadores compulsivos.

La buena noticia es que nunca es tarde para vivir nuestra propia vida. Tenemos obligaciones como padres hasta que nuestros hijos son mayores de edad y tienen que aprender a volar. Confiar en ellos y en el trabajo que hicimos.

Con nuestros padres, estar agradecidos por habernos dado la vida pero no vivir para ellos, ni irnos al extremo opuesto de dejarlos abandonados. Todo tiene su equilibrio en el dar y el recibir.

Es nuestra obligación enseñar con el ejemplo del día a día, no solo a nuestros hijos, que ellos nos tienen como referente, sino también a la generaciones que vendrán. Ya que la vida, si puede ser vivida desde el verdadero amor.

Aprende a nutrirte a ti misma, ya que cuando estas en sintonía con tu verdadero Ser, la armonía y la paz interior prevalecerá.

Como madre, tengo que estar en atención sobre mi, para no caer en ser una dadora compulsiva. 

Yo soy una superviviente de niña buena, aunque he sufrido en mi las consecuencias a través de la enfermedad y esto me ha hecho

crecer. Esto me hizo dejar de ser la persona perfecta para los demás y aprendí a tomar cada momento de mi vida y hacerlo perfecto para mi.

 

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